Zona Azul
Análisis de la tendencia de la U como visitante en torneos internacionales.
Entre la caída ante Cruzeiro por uno a cero en Belo Horizonte y la caída de esta noche ante Oriente Petrolero por el mismo marcador la U jugó otros 9 partidos como visitante por torneos internacionales, 9 partidos en los que no perdió (4 PG y 5 PE) a pesar de jugar en canchas tan complicadas como el Maracaná o el Estadio Azteca. ¿Por qué la U no pudo mantener esa respetable racha como visitante?
Mi teoría es que la U es un equipo que funciona como un luchador de judo. En el judo se usa la fuerza del contrincante en su contra, mientras que la U aprovecha la desesperación del rival jugado en ofensiva y lo golpea cuando menos se lo espera.
Fue en los tiempos de Markarián que la U comenzó a desarrollar esta faceta. El experimentado DT templó a fuego el carácter de un equipo que justamente carecía del mismo. La U tuvo un bautismo salvaje en Porto Alegre, donde se trajo un punto con Pinto como gran figura. En Colombia se pagó caro el noviciado y en Bolivia el resultado se obtuvo sufriendo porque los papeles estaban invertidos: era la U la que estaba desesperada y el Aurora el que aprovechaba esto. En Belo Horizonte pasó algo similar y que se repetirá a lo largo de este texto: La U nunca supo jugar con otro libreto…
Llegó Basualdo y el equipo se reforzó: Victorino es el mejor defensa del país y uno de los mejores del continente. El técnico argentino puso énfasis en el otro verso de la rima: había que golpear cuando el rival no lo esperara. Montillo y Olivera formaron una dupla temida en todo el continente. Si bien el volumen de juego de la U no era el de un gran equipo, las individualidades de mitad de cancha hacia arriba y su confiable defensa lo convirtieron en un hueso duro de roer. El Cali nunca le encontró la vuelta a un equipo que cuando era asediado era cuando se sentía más cómodo. Las estrellas del Inter de Porto Alegre fueron apagadas por el trabajo colectivo. Si hasta el Fluminense (que finalmente se logró imponer en Santiago) se vio entrampado en la red azul. Y el denominador común fue un equipo local intentando sacar diferencia por todos los caminos posibles.
Y llegamos al presente, con Pelusso y su arsenal de jugadores de Nacional de Montevideo. Pelusso dotó a la U con algo que sus antecesores no pudieron darle: la maña de un equipo copero. Tomó y perfeccionó lo que recibió de sus antecesores, reforzando la defensa y nutriendo el volumen de juego. La U se volvió un equipo temible como visitante y todos tenemos presentes cada uno de los partidos en los que la U se hizo gigante e indestructible como visitante en el Maracaná, en el Azteca, en el Olímpico de Caracas o en el Alejandro Villanueva de Lima. Y nuevamente fueron los locales los que, sin éxito, intentaron pasarle por encima a la U.
Así, podemos dividir los partidos como visitante de la U de estos últimos dos años en dos grupos: en los que había que aguantar y en los que había que salir a ganar. En los primeros siempre se logró el objetivo (y a veces algo más), mientras que en los otros o se perdió o se sufrió más de la cuenta (por ejemplo: ante Cruzeiro, ante Aurora o el de hoy ante Oriente Petrolero).
La U no ha aprendido otro libreto. La U no tiene la capacidad de salir a buscar un resultado a otra cancha. La tarea pendiente para don Gerardo es esa: dotar a la U de esa mitad que falta y que tanto le gusta al hincha, que es cuando el equipo sale a matar o morir y finalmente mata.
Ahora, si me preguntan a mí, la clasificación se perdió en Rancagua…







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