Zona Azul
La conversación ficticia entre un padre y su hijo al finalizar el encuentro.
Los brazos al cielo de Pezzota y el pitazo final apagaron la ilusión del pueblo azul. A Montillo y Seymour que lloraban desconsolados en la cancha, se sumó un niño envuelto en una bandera, en la galería. Su padre lo abrazó, tanto para consolarlo como para ocultarle sus propias lágrimas. Él, más experimentado en estas lides, ya había llorado varias veces en ese mismo lugar.
—Ser de la U es una alegre tortura —le dijo el padre a su hijo con la voz quebrada. —Hoy nos tocó llorar, como muchas otras veces en que la realidad aplastó nuestra ilusión, pero mañana reiremos de la pura alegría que da ser de la U.
—No entiendo, papá. ¿Por qué reiremos mañana si la gente de los otros equipos se va a burlar de nosotros? Mañana no quiero ni aparecerme por el colegio.
—Es que ellos creen que seguir a un equipo es un tema de resultados. Claro, hoy perdimos y, en su mundo, esa es la peor humillación, así que creen que tienen nuestra tristeza en sus manos. Sin embargo, si bien lamentamos la derrota, ser de la U es mucho más que celebrar cuando se gana y llorar cuando se pierde —el padre hizo una pausa para ver el cambio de expresión en la cara de su hijo. —Ser de un equipo de fútbol es seguir al equipo, disfrutar cuando se gana y sufrir cuando se pierde; ser de la U es un estilo de vida que involucra valores como el compañerismo, el respeto y la lealtad. Cuando entiendes eso, eres feliz por el puro hecho de ser de la U, de algo más grande que tú, que une a tanta gente en torno a algo tan hermoso… es un verdadero orgullo. ¿Y los resultados? Pasan a segundo plano: Si ganamos, bien; si perdemos, qué pena, pero la vida sigue y la U también.
—Entonces, ¿qué hago mañana cuando mis compañeros me molesten? Los valores de los que hablas como que me limitan…
—Hijo, es muy simple. Mañana ríe y muestra lo bullanguero que eres sin vergüenza. Ellos jamás entenderían la alegría que es ser de la U. Te hablarán de copas, de historia y de resultados, pero ambos sabemos que somos de dimensiones distintas y en nuestro mundo bullanguero sus bromas no tienen sentido.
—Ahora entiendo. Qué pulento es ser de la U y estar por encima de tantas cosas.
El niño se secó las lágrimas y se sumó a los cánticos de la hinchada que agradecía al equipo por el esfuerzo y lo despedía hasta la siguiente ocasión.







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