Blog Azul: Los mejores de América
Soñar es gratis. Una historia que relata ficticiamente cómo sería la obtención azul de la Copa Libertadores 2010.
Ha vuelto el sol a Santiago. El invierno fue crudo, muchas lluvias y mucho frío que pusieron a prueba el plan de contingencia para los afectados por el terremoto. Lluvias y frío que unieron a las familias en torno a una estufa y un televisor para acompañar la participación de Chile en el Mundial. Lluvias y frío que representaron las lágrimas y el sufrimiento de un país cuando caímos en una guerra de goles por 5 a 3 ante Brasil en octavos de final. “Con la frente en alto” fue el titular de LUN al día siguiente, acompañando la cara llena de llanto de un desconsolado Alexis Sánchez. Sin embargo, fueron esas mismas lluvias y ese mismo frío los que acompañaron a la U en su conquista de América.
Verle la cara a los mexicanos muertos de frío en el Monumental, intentando aguantar el cero a cero para llegar a los penales, siendo superados en todos los sectores de la cancha, no tiene precio. Si no fuera por el portero de Chivas, hubiera sido goleada. Finalmente fue dos a cero, con goles de Olivera de penal, promediando el segundo tiempo, y un contragolpe letal en los descuentos que finiquitó Puch en posición dudosa… Los mexicanos amagaron un reclamo, pero la posición era muy fina. La U accedía a su primera final continental. Luis Musrri, entrevistado esa noche en directo para CHV, dedica unas hermosas palabras al plantel azul, y les pide a nombre de todos los que alguna vez jugaron con una U en el pecho que traigan la copa a las vitrinas azules.
El Presidente recibía a los jugadores azules en La Moneda, quienes lo molestaban por su doble militancia al ser hincha cruzado y accionista albo, mientras el mandatario se defendía aludiendo que los grandes ídolos Fabián Estay y Rodolfo Moya habían vestido las tres camisetas. La prensa festinó toda la semana con las desafortunadas palabras de Piñera, como ya era costumbre, lo que desvió la atención del escándalo que vivió su hermano en Uruguay, donde se le vio involucrado en un incidente con alcohol y drogas junto al ex DT de la albiceleste que fue despedido y desterrado de su país tras quedar eliminado en la Copa del Mundo consiguiendo sólo dos puntos tras una derrota y dos empates. Entrevistada antes del partido, Bachelet señalaba que disfrutaría del partido por televisión, luego de que hinchas de la U le rogaron en foros y cartas a los diarios para que no asistiera al estadio para la final. El recuerdo de la caída de Colo Colo ante Pachuca estaba fresco en la mente, y no querían tentar a la mala suerte. Adivinos, numerólogos y opinólogos se la jugaban con sus pronósticos y nadie parecía ponerse de acuerdo sobre el resultado ni el destino de la Copa.
“Suerte, muchachos” rezaba el titular de La Cuarta el 18 de agosto. Internacional de Porto Alegre llegaba a Santiago con la ventaja de un 3 a 1 que pudo haber sido goleada si no fuera por la increíble noche de Conde, titular luego de la partida de Pinto al fútbol italiano. Dios, como si quisiera ayudar a la U, lanzó sobre Macul la noche más fría de todo el invierno: había llovido durante la tarde y a esa hora ya había caído ese frío post-lluvia que muchas veces odiamos, pero que esa noche agradecimos. Si hubieran podido, los brasileños hubieran entrado a jugar con chaleco. Un Monumental con 50 mil almas, bares repletos, una pantalla gigante en el Santuario de Los Andes para los cientos de hinchas que decidieron encomendarse a Sor Teresita y un país pegado a un televisor fue el marco para la hazaña.
El espectáculo en el estadio para la salida de la U se escuchó a kilómetros de distancia. Vignolo diría más tarde que nunca olvidará la salida de la U a la cancha, que fue emotiva y espectacular a la vez. Sin embargo, el equipo azul parecía dormido, y el primer tiempo fue una prolongación del calvario vivido la semana anterior en el Beira Río. Montillo esperaba ansioso en la banca, porque venía recuperándose de una lesión y no estaba al 100% físicamente. Puch intentaba con rebeldía romper con la sólida defensa visitante, pero no había despliegue de parte de sus compañeros y se veía solo contra una marea de defensas rojos. Por su parte, D’Alessandro volvía loco a Iturra y a Seymour, y si no fuera por la mala noche del veterano Alecsandro, Inter se debió haber puesto en ventaja antes del final del primer tiempo. Marcelo Salas, en la tribuna, gritaba y alentaba como un hincha más, y algunos dicen que se moría de ganas de entrar a jugar.
Pelusso no escondió su frustración y arrojó una botella de agua al suelo cuando terminó la primera etapa. Sabía que el equipo no estaba funcionando y que tenía que salirse del libreto para poder cambiar el destino azul. Decidió lanzar toda la carne a la parrilla: Sacó a Pepe Rojas, de discreto partido, y metió a Montillo; a la vez, sacó a Contreras que realizaba un buen trabajo por derecha y metió a Rivarola, dejando un 3-2-3-2 en la cancha. Al día siguiente, Iturra señalaría que más que los cambios, lo que los llevó a levantar la Copa fue la increíble arenga de Carballo, el ayudante técnico de Pelusso. Bromeando señalaría que no sabía si les iba a pegar o si les estaba dando ánimos, estaba en trance, fuera de sí, gritando y vociferando contra los brasileños.
La U salió con otra disposición al Monumental, y los brasileños sintieron el cambio de ritmo. Poco a poco, las líneas interistas iban retrocediendo, y Fosatti no tenía pudor cuando ordenó la salida de Alecsandro para poner un central. En una entrevista tras el partido, el uruguayo señaló que no se arrepentía del cambio, ya que era previsible que la U buscara por arriba al gigante Olivera y había que detenerlo. Sin embargo, la apertura de la cuenta no llegó por arriba, sino que de media distancia: Iturra agarró un rebote en un córner y le pegó de primera, algo mordido, pero un rebote en Guiñazú mandó el balón hacia el centro de la portería, mientras Abondanzzieri volaba sobre su izquierda. La gente hizo sentir la localía y nadie veía el partido sentado, el apoyo bajaba de todas las localidades del estadio y hasta el gran Leonel cantaba como si fuera un integrante más de Los de Abajo.
El reloj corría con velocidad y parecía que el impulso no alcanzaba. Inter había aguantado la presión y ahora salía con veloces contragolpes cada vez que podía, y ponía en aprietos a la lenta defensa azul. Sin embargo, llegó el minuto 82 y la historia cambió. Como nunca, Olivera recibió de espaldas al arco y en vez de descargar sobre un compañero, giró sobre su derecha. Abondanzieri salió a su encuentro y al verse perfilado sobre su pierna menos hábil, la jugó hacia el centro, donde apareció sin marcas Walter Montillo para poner el segundo azul, con el que bastaba para salir campeones. El Monumental parecía como si se fuera a derrumbar, la gente saltaba, gritaba, celebraba y esperaba el pitazo final del juez Amarilla.
Sin embargo, el pitazo que cayó, en el primer minuto de descuento, no decretaba el final del partido, sino que un penal de Olarra sobre Sorondo en uno de los infinitos centros que caían sobre el área azul. El murmullo del estadio recordaba las mil y una historias de derrotas en el último minuto del fútbol chileno. La silbatina era insoportable y Conde intentaba meterle presión a un experimentado D’Alessandro que parecía de piedra. Sólo Dios sabe la cantidad y en qué consistían las mandas que subían al cielo, los hinchas azules no escatimaban en esfuerzos naturales y sobrenaturales en su afán de ganar la copa. En el punto de cal, el balón y a pocos pasos de distancia, el verdugo llamado a ejecutar la pena máxima sobre la ilusión del pueblo azul; en la línea de cal, Esteban Conde se movía de lado a lado. Algunos hinchas señalaron a la salida del estadio que también estaban junto a él Vargas, Pinto, Herrera, Carballo y Astorga. Silbato de Amarilla, la carrera de D’Alessandro, se detienen los corazones (Megavisión esa noche mostraría la noticia de uno que no volvió a latir), Conde se mueve de lado a lado amenazante sobre la línea, impacta el balón y Conde se la juega sobre su izquierda, el balón va fuerte y a ras de suelo, Conde estira sus manos y la desvía levemente, el balón golpea en el palo y vuelve a las manos de Conde. Si la salida del equipo azul había sido estruendosa, no se conoce aún palabra para describir el grito de alegría que el país lanzó en ese momento.
Y llegó el pitazo de Amarilla, esta vez para ponerle punto final al partido y a un siglo de frustraciones y mitos que la Copa Libertadores representaba para nosotros. D’Alessandro lloraba desconsolado y miraba fijamente el palo que le negó la copa. Rápidamente un escenario se montó sobre la cancha y uno a uno desfilaron los jugadores a recibir sus medallas. Y llegó el momento esperado por millones de hinchas azules repartidos por Chile y el mundo. Olarra puso sus manos sobre el trofeo más codiciado del continente y, con algo de dificultades, lo levantó. Esa imagen sería publicada en todos los diarios del país, y de los muchos titulares que leí, el que más recuerdo es el de The Clinic: “Por fin mató la gallina”, con una caricatura de D’Alessandro convertido en gallina con una camiseta de River pisoteado en la celebración de los jugadores azules.
Ha vuelto el sol a Santiago. En las calles aún quedan vestigios de las celebraciones azules, que no han podido o no se ha querido reparar. Lentamente hemos vuelto a nuestra realidad, pero siempre que podemos, y a veces también cuando lo necesitamos, echamos mano a nuestra memoria para recordar ese momento, ese pequeño instante en el que fuimos los mejores del continente.
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Si el fútbol fuera ficción, en Chile ya seríamos campeones mundiales.
Una sola cosa, y lo digo xq lo se…La semifinal no se juega en el Monumental, los dirigentes de Colo-Colo no se van a arriesgar a que los azules celebren un supuesto paso a la final y menos un título, en su estadio.
@ Pedro
Lo pensé y lo iba a aclarar, pero se me olvidó hablar sobre la cantidad de plata que íbamos a poner sobre la mesa y la negativa azul de usar el Nacional que estaba “casi listo” (porque nunca un equipo chileno ha salido campeón internacionalmente en ese estadio xD).
Yo creo que esto se va a llevar muy como el comercial de mastercard “para todo lo demas existe mastercard”…pero acá la plata no va a primar…no se…así lo veo yo sobre lo que se del interior de Blanco y negro.
Además hay un pequeño error técnico, pero sino fuera así la historia no sería tan rica, en el eventual caso de jugar la final, se define en Brasil, Inter o Sao Paulo están mejor posicionados que la U.
De todas formas, muy bonito relato, me llegó y de cierta forma creo que se va a ser realidad cuando esperemos en el Aeropuerto a la U llegar con la copa desde Brasil, luego de haber ganado allá.
@ Kyon!
Toda la razón. Hoy en la mañana cuando lo releí me di cuenta, pero ya está xD.
el relato esta bien por q si se juega con internacional la final el segundo partido se jugaria en stgo ya q inter salio segundo en su grupo y la u primera solo con sao paulo la fianal seria en brasil ya q sao paulo gano su grupo con mas puntos q la u y de todas manera la u sale campeon
@ franck
Inter ganó su grupo y terminó con mejor diferencia que la U.
¡Qué jugo!
La verdad, está bien el poder imaginarse esa pandemonio que iría a acontecer. Pero hay que estar con los pies en la Tierra.
Complicado. Pero con mucha fe y confianza en el equipo. Creo que están a la altura de los acontecimientos.