Blogs, Limón con Miel
Nuestro bloguero comenta un tema recurrente en el mundo futbolero, sobre todo entre los aficionados que asisten semana a semana a San Carlos de Apoquindo. ¿Volador de luces o realidad? Nadie sabe la real intención de los dirigentes cruzados acerca de recibir a los equipos grandes en Las Condes.
Cuando terminó la llave de cruzados y sabaleros por la prelibertadores y Jorge O’ryan prometía jugar en San Carlos de Apoquindo con la Universidad de Chile, no era un arranque de pasión. No nos confundamos, estaba todo calculado. Transformándose así, en sólo un vano intento de lavado de imagen.
Sinceramente, con los grandes ripios que mostraron emblemáticos dirigentes como Peter Dragisevic y René Orozco, no los veo pidiendo como un niño a su padre, que ojalá lo deje jugar a la pelota donde él quiere.
La gente no le cree a los dirigentes de la Universidad Católica, menos si al otro día de esta sui generis declaración de intenciones, ya aparece el presiendente del club diciendo que, según supo, la intendencia no los iba a dejar. Esa forma de actuar, no parece seria. Felipe Achondo, ya aparecería dando a Temuco como opción. Osea, la consigna es: “cuando no nos podemos cagar a los rotos, nos cagamos a los provincianos”.
Lo único objetivo y oficial es que el 11 de marzo (día del partido con los azules), ni la Región Metropolitana ni la de Valparaíso, contarán con el suficiente contingente policial por el cambio de mando. También se ha dicho, que la intendencia desde hace muchos años le ha señalado O’ryan que debe solucionar algunos problemas en el entorno para hacer valer su localía con todos los equipos. Todos sabemos que la UC, nunca ha querido y se ampara en infantiles argumentos como que el alcalde no lo permite porque los vecinos alegan.
A ver, vamos despejando los puntos de a uno:
Los vecinos, llegaron a vivir al exclusivo barrio de San Carlos de Apoquindo, que como es de dominio público debe su nombre al estadio de la Cato, evidentemente, cuando el estadio ya existía. Tal es así, que cuando subía al partido UC – Colón, la semana pasada, comentábamos el paseo que significaba llegar el estadio hace 20 años, no existían condimonios, colegios, universidades, clínicas ni casas caras.
Las piedras que puedan caer en las casas de esos vecinos, son tan pesadas como las que caen todos los fines de semana en el Monumental y Nacional y son las mismas que cayeron en Santa Laura para la final del año pasado.
Para el partido del torneo de clausura del 97, la barra de Colo Colo subió escoltada en buses desde el Monumental y no pasó nada. Se les vende unas 1500 entradas a la Chile y no hay drama.
Si ninguno de estos argumentos fueran soslayables para los dirigentes de la Católica y sus débiles pretensiones de jugar de local, existe siempre la posibilidad de jugar sin público visitante. Se venden entradas sólo a los socios de la UC, con un límite de 10. Entre los socios generales, socios fútbol, socios barra, dueños de asiento y trabajadores más otras de cortesía se llenan las 22.000 localidades del estadio.
Está bueno ya de excusas, si la UC no hace de local en estos partidos, es porque su propio dirigencia boicotea la idea. Por qué tendría que importarnos que Francisco de la Maza (Alcalde de Las Condes, donde está emplazado San Carlos de Apoquindo) se arrogara, una vez más, el título de vengador de la moral y algunos connotados vecinos pusieran el grito en el cielo. Porque, la verdad es que a nadie le importó que el Alcalde de Recoleta, hiciera lo propio en la última final y nadie le importa lo mal que lo pasaron esos vecinos. Al poder se le combate con decisión.
Ojalá que los hechos me demuestren lo contrario, pero los dirigentes de la Católica están burlándose de la pasión de su gente una vez más y eso no es aceptable.
No sólo le hacen un mal a esa institución, también lo hacen con todo el deporte chileno, estoy seguro que para albos y azules tendrá un gusto especial saber que los campeonatos los ganan sin recibir regalos del rival directo.







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